domingo, 18 de diciembre de 2011

El abeto

En los últimos tiempos se ha impuesto el abeto como símbolo de la Navidad. El origen de la costumbre de poner un abeto en estas fechas parece que viene de Austria, aunque no faltan teorías que lo sitúan más al norte. En cualquier caso, es indiscutible su universalización, que ha llegado al Vaticano. El nacimiento, según se cuenta, tiene sus orígenes en Nápoles, donde tiene plena vigencia y desde donde pasó a España, que era la potencia dominante de la región. Desde España a Hispanoamérica y a otros sitios.


En Francia todo el mundo pone un abeto. Son raros los nacimientos, aunque tampoco faltan en las iglesias y en bastantes hogares. Pero el abeto es inevitable, se encuentra por todas partes y está exento de connotaciones religiosas que pueden estorbar a muchas personas en una sociedad tan mixta como la actual, y no solo me refiero a París o a Francia, sino también, por supuesto, a España. Los católicos lo aceptan como suyo, y los no católicos, también (aunque no todos, claro). Yo siempre viví la tradición del nacimiento, y lo del árbol ni lo conocí de pequeño. Luego ya se fueron viendo árboles hasta que, en estas navidades de 2011, el nuevo ayuntamiento de Palencia, del partido popular, que sustituye al socialista que durante tantos y tan largos años ha dominado la capital palentina, ha decidido poner un abeto en la Plaza Mayor para hacer compañía al portal de Belén. Con esto ya creo que podemos decir que Palencia ha entrado de lleno en el siglo xxi y que está decidida a codearse con las más modernas capitales del orbe (del sorbe decía uno de los cervantinos candidatos a la alcaldía de Daganzo). Presento para el amable lector algunas fotos de árboles navideños parisinos, que en francés se llama sapin, desde el de la explanada de la catedral (sí, sí, Notre Dame), hasta el de la otra catedral, la del consumo (sí, sí, las galerías Lafayette), pasando por los que se venden en los mercados y tiendas para usar y tirar.


Pobres arbolillos cuando, en febrero o marzo, la gente los abandona en la calle con sus hojas y ramas secas, como basura. Yo, pasado el seis de enero, guardo las figurillas de mi belén en su caja, perfectamente protegidas, hasta el año que viene.

Feliz Navidad a todos.

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